Historia de Colinas
Una comunidad que trasciende generaciones
Primera década: los cimientos de nuestra gran familia

Por Ing. Gerardo Bonilla

El Deportivo Colinas es nuestra segunda casa. Aquí crecimos, hicimos amigos, aprendimos valores y formamos recuerdos que nos acompañan toda la vida.
En los primeros años del Deportivo Colinas, mucho antes de que nuevas obras transformaran el entorno, ya existía lo más importante: las personas. Niños, jóvenes y familias enteras llenaron de vida cada rincón del club, convirtiéndolo en un lugar único para convivir, hacer deporte y construir amistades que hoy, después de 35 años, siguen más fuertes que nunca.
A inicios de los años noventa, comenzaron las primeras competencias y carreras infantiles que marcaron el espíritu deportivo y familiar que caracteriza a Colinas.
Estas imágenes, publicadas en El Norte – Edición Cumbres en 1991, muestran aquellos momentos que sembraron la semilla de lo que hoy somos: una comunidad que trasciende generaciones.
Las primeras competencias, un legado de esfuerzo y alegría
Las carreras infantiles y juveniles se convirtieron rápidamente en una tradición. Cada número en la camiseta representaba mucho más que una competencia: simbolizaba disciplina, amistad, superación y trabajo en equipo.
Padres, entrenadores y organizadores voluntarios dieron lo mejor de sí para que cada evento fuera una fiesta deportiva.
Así nació una cultura de esfuerzo que aún hoy nos distingue.
Una comunidad que crece y se hereda
Lo más maravilloso de esta etapa es que muchos de aquellos niños que hoy vemos en estas fotos, después de 35 años, siguen siendo socios activos del club.
Y lo más especial: ahora vienen acompañados de sus propios hijos, heredando no solo el amor por el deporte, sino también los valores que hacen de Colinas una familia.
Un ejemplo de esta continuidad generacional es Hernán Villanueva, quien en aquellos años participaba en las carreras infantiles. Hoy, ya como socio activo, comparte con sus hijos la misma pasión y el mismo lugar que lo vio crecer, junto a su padre, Cecilio Villanueva.
Así como ellos, hay muchos más casos que confirman que en Colinas las historias no terminan: se transforman y continúan.
Colinas no solo construye instalaciones, construye historias de vida. Por eso, y por mucho más, el Deportivo Colinas es nuestra segunda casa.
El verdadero valor del Deportivo Colinas no está en lo que se construye, sino en las historias, amistades y generaciones que han crecido entre sus canchas y pasillos. Ese valor intangible vale mucho más que el valor tangible de la acción.
